Joaquín Sabina iniciará su gira "El penúltimo tren" el miércoles a las 21 en el anfiteatro Monumental (avenida Ejército del Norte 44). El tour, a tres días de su inicio, batió récords de venta de entradas, con 40.000 tickets colocados anticipadamente y varios shows con localidades agotadas de antemano, incluyendo los seis programadas en el Luna Park.

Cuando a Sabina se le pregunta por el nombre de la gira, responde sin titubeos: "tiene mucho de humor autocompasivo y no es 'el último', para que no me digan después '¿no era el último?' El repertorio es casi el anterior, el del disco 'Vinagre y rosas'".Ese disco editado en 2009 llegó después de un viaje a Praga, donde el cantautor buscó la complicidad de su amigo escritor Benjamín Prado para despertar la creatividad dormida tras haber sufrido un ACV (en 2001). Ese episodio lo alejó de su modo de vida habitual y lo sumió en una profunda depresión. Durante ese lapso les puso límites al cuerpo y al alma, hasta que la inspiración reapareció a pesar de que Sabina se había convertido en un traidor absoluto a sí mismo, según sus palabras referidas a la canción "Whisky sin soda".

A más de 20 años de su romance con la Argentina, donde su música y su figura están rodeadas por un culto para él difícil de asimilar, no quiere ser responsable de esa situación. "No me gusta la palabra fan o fanático. No sé si me compran por lo que soy o por lo que ellos creen que soy. En Madrid llevo una vida sin grandes problemas en la calle, no tengo auto, camino. Pero en Buenos Aires hay un star system que en Madrid no existe. De hecho, en el único lugar donde llevo guardaespaldas es en Buenos Aires. Hay demasiado fervor por el artista y a mí me gusta la soledad. Me gusta más mirar, a que me miren. Soy un voyeur", define.De todos modos, quiere mantener viva la diferencia de roles de su vida, y por ello usa bombín cuando canta. "Es para aclarar que el de arriba del escenario es uno que no es el mismo que camina por las calles", explicó.

Es esta relación especial con nuestro país la que lo llevó a planear el final de su gira -de casi un centenar de shows- en Buenos Aires, y a buscar ampliar el radio de acción llegando a lugares que todavía no conoce, como Tucumán.Sabina editó 15 discos de estudio, cuatro en vivo y tres compilatorios, superando las 10 millones de copias vendidas en todo el mundo. También publicó 12 libros de poemas, aunque él suele repetir que no es poeta.

"Nadie me oirá jamás decir que lo que escribo es poesía. Lo que escribo son versos, que no es lo mismo -aclaró-. A mí me gustan las formas clásicas, rimadas, porque como vengo de la canción creo que el idioma lleva su propia música. La música del idioma son los acentos, la fonética y la rima, y esto siempre me ha importado mucho".

Una puesta en escena de lujo

El miércoles a las 18 comenzará a funcionar el dispositivo de seguridad dispuesto para el recital. El show se iniciará a las 21 en el anfiteatro Monumental (avenida Ejército del Norte 44). A las 19 se habilitarán las puertas: la norte, para entradas VIP y Gold; la central para preferenciales y plateas, y la sur para generales.

Hoy empezará a montarse el enorme escenario sobre el que actuará Joaquín Sabina. Siete camiones cargados con 60 toneladas de equipos (sonido, luces, video y energía) serán instalados por 90 personas llegadas especialmente a la provincia.La producción local dispondrá de otras 300 personas, la mayoría durante el show, para cubrir las distintas necesidades (acomodadores, boleteros, seguridad, asistencia médica).

El escenario será techado y tendrá una profundidad de 12 metros y 20 de boca, ubicado a 1,80 metro de altura. La energía será suministrada por cinco grupos electrógenos de entre 150 y 500 kva.

En el predio se armarán y decorarán siete camarines para Sabina, sus músicos, productores y técnicos.

Las entradas seguirán vendiéndose desde mañana y hasta el miércoles, de 9 a 21, en la librería El Griego (Muñecas 287), hasta agotar stock.